
—Mi sueldo acaba de subir a 10 mil dólares mensuales.
Claudia lo dijo con una sonrisa llena de orgullo mientras dejaba su bolso sobre la mesa del apartamento.
Jorge levantó la mirada desde el sofá.
—Sabía que podías, amor. Siempre supe que llegarías lejos.
Pero la expresión de Claudia cambió de inmediato.
—No te equivoques, Jorge.
Su voz se volvió fría.
—Esto cambia las cosas.
Jorge frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Claudia lo miró con superioridad.
—Ya no estás a mi nivel.
El silencio llenó la sala.
—Recoge tus cosas y vete de mi casa.
Jorge se quedó inmóvil.
—¿Es en serio?
Claudia cruzó los brazos.
—Muy en serio.
Jorge negó con la cabeza, intentando entender.
—Después de todo lo que te apoyé…
Recordó cuando Claudia no tenía trabajo y él pagaba las cuentas.
Recordó las noches ayudándola a estudiar y prepararse para entrevistas.
—¿Estás segura? —preguntó con tristeza—. ¿No te vas a arrepentir?
Claudia soltó una pequeña risa.
—Yo nunca me arrepiento.
Jorge se levantó lentamente.
No gritó.
No discutió.
Solo tomó su chaqueta.
—Está bien.
Claudia observó cómo salía del apartamento sin decir nada más.
Cuando la puerta se cerró, murmuró para sí misma:
—Por fin.
Pensó que ahora podía empezar una nueva vida.
Una vida con alguien “de su nivel”.
A la mañana siguiente, Claudia llegó a su nuevo trabajo llena de emoción.
El edificio era moderno, elegante y lleno de ejecutivos que caminaban con prisa por los pasillos.
Ella había conseguido un puesto importante en una empresa muy prestigiosa.
Mientras caminaba hacia la sala de reuniones, varios empleados murmuraban.
—Hoy llega el nuevo director.
—Dicen que viene de otra ciudad.
—Escuché que es muy exigente.
Claudia sonrió con confianza.
—Seguro me irá bien con él.
Cuando entró a la sala de juntas, todos ya estaban sentados.
Solo faltaba el nuevo jefe.
Minutos después, la puerta se abrió.
El director general entró acompañado por recursos humanos.
Claudia levantó la mirada.
Y el mundo pareció detenerse.
Era Jorge.
Su exnovio.
El mismo hombre al que había echado de su casa la noche anterior.
Claudia sintió que el corazón se le salía del pecho.
Los demás empleados comenzaron a aplaudir.
—Bienvenido, señor Jorge.
Jorge caminó con calma hasta la cabecera de la mesa.
No parecía sorprendido.
En realidad, ya sabía que Claudia trabajaba allí.
Pero ella no sabía que él sería su jefe.
Recursos humanos habló.
—A partir de hoy, el señor Jorge Martínez será el nuevo director del departamento.
Claudia estaba completamente pálida.
Jorge comenzó a hablar con serenidad.
—Buenos días a todos.
Su mirada recorrió la mesa lentamente.
Cuando llegó a Claudia, se detuvo por un segundo.
Ella bajó la mirada de inmediato.
—Espero que trabajemos bien como equipo —continuó.
Luego empezó la reunión.
Claudia no pudo concentrarse en nada.
Cada palabra de Jorge le recordaba lo que había hecho.
Cuando la reunión terminó, los empleados comenzaron a salir.
Claudia se levantó lentamente.
—Claudia —dijo Jorge.
Ella se congeló.
—¿Sí… señor?
Los demás empleados salieron, dejándolos solos.
Claudia no sabía dónde mirar.
—Sobre lo de anoche… —dijo con voz temblorosa.
Jorge levantó una mano.
—No tienes que explicar nada.
Ella respiró con dificultad.
—Yo… no sabía que…
Jorge respondió con calma.
—Que yo sería tu jefe.
El silencio fue incómodo.
Claudia finalmente lo miró.
—Lo siento.
Era la primera vez que lo decía.
Jorge la observó por unos segundos.
—Cuando alguien cambia contigo solo porque cree que ahora vale más…
Hizo una pequeña pausa.
—Eso dice mucho de esa persona.
Claudia bajó la mirada nuevamente.
—De verdad me equivoqué.
Jorge recogió unos documentos de la mesa.
—Tal vez.
Caminó hacia la puerta.
Antes de salir, dijo algo más.
—Pero aquí no trabajamos con relaciones personales.
Claudia levantó la mirada con esperanza.
—Entonces…
Jorge respondió con voz tranquila.
—Aquí solo importa el respeto.
Abrió la puerta.
—Y el trabajo bien hecho.
Luego salió de la sala.
Claudia se quedó sola, sintiendo el peso de sus decisiones.
La mujer que había dicho que nunca se arrepentía…
Ahora era la única que no podía dejar de hacerlo.